CIUDAD DE MÉXICO.- Todos queremos que se termine la crisis sanitaria, y todos tememos la crisis económica que suponemos seguirá. Y todos decimos: las cosas no van a ser como antes. Pero todos quisiéramos saber cómo va a ser ese “nuevo normal”.

En realidad, con o sin COVID (coronavirus), las cosas iban a cambiar. Siempre ha sido así. Y una cosa es segura: las cosas nunca vuelven a ser como antes, por mucho que añoremos los “viejos tiempos”. Lo que nos dio el virus fue un par de semanas para reflexionar, planear y tomar decisiones. Aunque seguramente estábamos más ocupados con el crisis management, que preocupados por desarrollar nuevos modelos de negocio.

Habiendo dicho esto, definir los retos de la industria automotriz después del virus no cuesta mucho trabajo.

En primer lugar, y esto sí por efecto del virus, está la revisión de la cadena de suministro para hacerla más robusta previendo nuevos desastres. Lo cierto es que las armadoras difícilmente tienen transparencia más allá del 1er nivel de proveeduría. Ahora va a ser necesario documentar todos los eslabones, para poder tomar decisiones sobre las necesidades de reestructuración. Para la industria automotriz mexicana, esto puede ser una gran oportunidad. Si la tendencia va a ser buscar alternativas para proveedores asiáticos y europeos en Norteamérica, México puede ser una buena opción.

Si la tendencia va a ser buscar alternativas para proveedores asiáticos y europeos en Norteamérica, México puede ser una buena opción. (Foto: Ford Motor Company)

Si la tendencia va a ser buscar alternativas para proveedores asiáticos y europeos en Norteamérica, México puede ser una buena opción. (Foto: Ford Motor Company)

Porque de por sí las nuevas reglas del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) obligan a una mayor integración regional. Esperamos pronto conocer las fórmulas detalladas para poder calcular los contenidos que permitan el acceso preferencial. La tarea administrativa va a ser considerable, y no va a ser cosa nada más de las armadoras. Todos los proveedores de la cadena tendrán que participar en el cálculo y hacerse responsables de la documentación de los contenidos. El otro efecto que va a generar el cumplimiento de las nuevas reglas de origen va a ser económico. En muchos casos, alcanzar los parámetros de origen va a producir sobrecostos, por efectos de escala negativos y la amortización de inversiones adicionales. Esto va a crear más presión para la negociación de los precios con los proveedores.

Esta presión, aquí sí, va a empalmar con el efecto que el paro tuvo sobre las finanzas de las empresas. Las que ya tenían problemas financieros antes del virus, ahora van a estar en posiciones vulnerables. Por un lado, se va a originar un proceso de fusiones y adquisiciones, y por el otro, obligará a las armadoras a apoyar financieramente a sus proveedores estratégicos.

Todo esto nos lleva a una primera conclusión: se acabó la época del global sourcing, donde la armadora escoge al proveedor más competitivo independientemente de donde se ubica, y además vuelve a licitar los insumos cada dos o tres años.

La mayor incógnita, como siempre, es el mercado. ¿Los clientes regresarán a comprar los mismos autos, SUVs y camionetas, como antes? Es lógico pensar que la recuperación va a ser lenta, por el mismo impacto que el paro tuvo sobre los ingresos. El crédito, a menor costo que antes, puede ayudar. Pero la elasticidad de este mercado es grande, el que ya tiene un auto con un par de años encima, puede esperar otro tanto para comprarse uno nuevo. Y luego está la pregunta de las energías alternativas, no tanto para México y Estados Unidos, pero sí en Europa y Asia. En estos últimos, vamos a ver un brinco en las ventas de autos eléctricos, beneficiando a las empresas que ya los tienen en su portafolio.

Finalmente, está el reto de la adopción de nuevas tecnologías en la administración y la manufactura. La industria todavía está batallando con la tecnología de información que controla prácticamente todas las funciones del automóvil, generando nuevas posibilidades de fallas que son muy diferentes a los problemas mecánicos. Por lo demás, la industria automotriz es la típica industria tradicional que sigue confundiendo la digitalización (de sus procesos existentes), con la transformación digital de sus procesos para enfrentar el futuro. Temas como Inteligencia Artificial, Big Data y Blockchain apenas empiezan a permear. El virus sí ha arrojado iniciativas interesantes como las salas de ventas con acceso remoto, donde un vendedor real dotado de cámara y micrófono interactúa con el cliente que está en su casa.

Las nuevas tecnologías van a tener un profundo impacto sobre los esquemas laborales de las empresas, algo que por supuesto, no es particular de la industria automotriz, pero también aquí, este sector tiene tareas pendientes. Los esfuerzos de capacitación y entrenamiento se tienen que enfocar, para poder contar con los especialistas que necesitarán las fábricas y las oficinas en el futuro. Los sistemas tradicionales de educación no van a formar estos especialistas por sí solos. La solución es establecer un Sistema de Formación Dual de la industria automotriz, tanto para el nivel técnico como para el universitario.

Y por último: no va a ser suficiente la formación técnica. La resiliencia de las empresas en entornos cambiantes se logra con un sólido Sistema de Gobernabilidad y una Política de Integridad. La Gobernabilidad asegura el logro de objetivos con procesos robustos, gestión de riesgos operativos y cumplimiento regulatorio. Y la Política de Integridad, con un código de conducta bien gestionado, les da certidumbre a todos los colaboradores para tomar las decisiones en el día a día, y genera confianza en los socios comerciales y grupos de interés.

Sin duda el concepto de Gestión de Riesgos se vuelve relevante pensando en la prevención y mitigación de fenómenos como el que estamos viviendo. Tener preparados los planes de contingencia orienta a las personas y evita gastos innecesarios. Pero igualmente importante es la capacidad de la organización para reaccionar y actuar ante situaciones imprevistas, algo que hoy conocemos como Agilidad. La claridad que brindan las políticas de Gobernabilidad e Integridad otorga libertad de actuación dentro de un margen perfectamente delimitado, y forja una mentalidad de rendición de cuentas.

En estos tiempos que obligaron al home office y al control remoto, fue evidente la importancia de que nuestros colaboradores puedan actuar con autonomía, para asegurar los resultados y tomar las decisiones correctas. El modelo de liderazgo es muy diferente en este contexto, un gran reto para los líderes tradicionales.

Si logramos transferir tan sólo ese aprendizaje a la nueva normalidad, habremos aprovechado la crisis.

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